EN LA MIRA-COLUMNA
Por Aldo Romero

Dicen al interior del equipo de Ana Lilia Rivera Rivera que la Senadora es víctima de una guerra sucia que forma parte de un acto desesperado del oficialismo y su delfín para frenar su avance en la lucha por la sucesión gubernamental.

La misma senadora asegura que el discurso en redes la supera, dado que está plagado de un ejército de bots que buscarían dañar su imagen.

Lo cierto es que la polémica con Ana Lilia Rivera Rivera es producto de la desesperación que empieza a pesar sobre ella al no saber capitalizar la ventaja que los estudios demoscópicos serios le daban. El ruido en su contra en medios de comunicación es un duro golpe que la toma por sorpresa, al no contar con una estrategia de contención de daño y una ruta crítica para corregir errores.

Ahora bien, la guerra sucia, esa que menciona su equipo, no inició en los últimos días en las redes sociales y en los medios de comunicación descontextualizando sus declaraciones; inició desde el momento en que el gobierno del estado decidió intervenir descaradamente para hacerse de un lugar en la lucha por la sucesión, creando organizaciones fachada para que Alfonso pudiera placearse libremente y con tintes electorales por toda la entidad.

La guerra sucia no está con los bots o en el campo digital; la guerra sucia inició con la apropiación de la estructura partidista, acallando voces críticas y relegando a todos aquellos que no simpatizaban con el proyecto del alcalde capitalino.

La guerra sucia se dio desde el momento en que los comités seccionales de Morena se usaron, no para fortalecer la democracia partidista, sino para construir un aparato que respaldara las aspiraciones de Alfonso.

La guerra sucia se formalizó con la afiliación masiva y forzada de trabajadores de las diferentes dependencias de gobierno.

Esa guerra sucia de la que comienzan a hacer mención para justificar errores lleva casi un año de gestarse, e inició con indicaciones desde Casa de Gobierno, con el claro objetivo de evitar que el poder recaiga en manos de alguien que no forma parte del proyecto político que hoy controla al estado.

Si bien es cierto que Ana Lilia cometió un error garrafal de cálculo, no debemos desviar la mirada de lo que descaradamente está haciendo el gobierno para que su delfín sea el abanderado morenista; eso también refleja la desesperación que existe al interior del lorenismo.

Ya veremos cómo tratan las casas encuestadoras a la senadora tras la polémica en la que se vio envuelta, y veremos si Alfonso logró capitalizar a su favor los errores de su contrincante, porque de entrada ya sabemos que, con base en los estudios de Demoscopia Digital, el delfín del lorenismo inicia el año en caída libre.

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