EN LA MIRA-COLUMNA (1)
Por Aldo Romero

¿Notaron el grado de cinismo que hay en el desplegado que las gobernadoras y gobernadores emanados de la Cuarta Transformación emitieron para darle la espalda a uno de los suyos?

El caso Rocha Moya es otro ejemplo de por qué la incongruencia y la ambición desmedida del poder acabaron, en tiempo récord, con el movimiento que fundó Andrés Manuel López Obrador.

Los abajo firmantes del “contundente” posicionamiento no tienen la calidad moral para salir a decir que forman parte de un movimiento con “pilares éticos e institucionales indestructibles”.

Mucho menos para decir que “ninguna autoridad está facultada para actuar al margen de la ley” o que “los proyectos políticos personales o de grupo no tienen cabida cuando se contrapesan con el bienestar de la Nación”.

Porque, si de verdad actuaran como lo que respaldan en su desplegado, no tendríamos en Tlaxcala a una Lorena Cuéllar Cisneros actuando de forma ilegal para imponer a su delfín, Alfonso Sánchez García, como su sucesor.

Todos los mandatarios de la 4T son cínicos, pero, ante lo ocurrido recientemente en Tlaxcala, se confirma que Cuéllar es la reina del cinismo, porque está rechazando y condenando prácticas que ella misma aplica en su estado.

Cuéllar simplemente no tiene la calidad moral para respaldar un desplegado en el que se condena la instauración de proyectos personales o de grupo dentro de la Cuarta Transformación, porque está claro que ella ha hecho todo lo ilícitamente posible para que su grupo se mantenga en el poder.

“La política es un ejercicio de congruencia”, reza el comunicado que, con cinismo, la mandataria tlaxcalteca firmó, pero que, en los hechos, no aplica. Es por eso que ella es la reina del cinismo.

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