“Se ve, se siente, Alfonso está presente”; ¿y Sheinbaum?
Por Cristian Flores
Lo ocurrido el pasado 31 de mayo en la capital tlaxcalteca dejó una pregunta inevitable: ¿la concentración fue para celebrar dos años de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum o para impulsar la aspiración de Alfonso Sánchez García rumbo a 2027?
Lo que debió ser un acto de respaldo institucional terminó pareciendo una demostración de fuerza política del grupo lorenista para su favorito. Presidentes municipales, diputados locales, funcionarios estatales, operadores políticos y estructuras completas de gobierno fueron movilizados para una concentración que, en los hechos, tuvo un protagonista en la celebración de la presidenta de México.
Luego del mensaje de Cuéllar, vino la caminata desde el monumento a Tlahuicole hasta el zócalo, acompañada de señales que poco tenían que ver con Claudia Sheinbaum y mucho con la promoción del alcalde capitalino.
Los gritos de “¡Alfonso, Alfonso!” y “¡se ve, se siente, Alfonso está presente!” fueron expresiones que terminaron convirtiendo un acto de respaldo presidencial en el inicio de una campaña política.
Al llegar al templete que coloco el gobierno del estado, Sánchez García ocupó un lugar especial durante la celebración de Sheinbaum. Pues en el templete estuvieron la gobernadora Lorena Cuéllar, su esposa la dirigente estatal de Morena Marcela González, el dirigente del PT, Silvano Garay y los diputados Ever Alejandro Campech y Emilio de la Peña.
Sin embargo, ese acto fue todavía más llamativo porque desde el área de comunicación de la presidencia de México, se establecieron criterios para evitar que se colocaran templetes en los estados para evitar que ese tipo de eventos fueran utilizados para promover aspirantes, pero les valió, no les importó colgarse de la presidenta para promocionar a Sánchez García.
Luego de lo visto por los tlaxcaltecas, el vocero del gobierno Antonio Martínez, refriteando el estilo de López Obrador en sus mañaneras, descalificó cualquier cuestionamiento bajo el argumento de que “todo lo quieren ver como un tema político”. No se trata de polarizar; se trata de observar lo evidente. Cuando un evento institucional es utilizado para posicionar a un aspirante, la percepción pública es inevitable.
Lo más delicado es que el mensaje político termina siendo contradictorio. Mientras Morena habla de evitar campañas anticipadas, en Tlaxcala se envían señales opuestas. Mientras se convoca a respaldar a la presidenta, la atención se concentra en un proyecto personal.
El recuerdo que dejó el 31 de mayo no fue una celebración de los logros de Claudia Sheinbaum. Fue la imagen de un aparato gubernamental operando para construir una candidatura.
Si ese era el objetivo, difícilmente pudo disimularse. Y si no lo era, alguien tendrá que explicar por qué el festejo de la presidenta terminó pareciendo el arranque político de Alfonso Sánchez García.
Nos vemos la próxima semana en El Juego sobre la Mesa.